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Lecturas sobre el uso de las redes sociales para indignarse

Aquí se presentan un exceso de lecturas sobre el alarmante estado de la falta de privacidad en el Internet. Todo el mundo se pone a ello, desde las grandes corporaciones americanas hasta varios gobiernos, y cuando no para vendernos guarradas, sí por lo de trazar perfiles detallados de cada net-udadano. La guerra sólo está empezando.

Muchos recuerdan la euforia que rodeaba varios movimientos sociales nacidos de las desastrosas consecuencias de la crisis económica de 2008. Desde 2009 en Portugal, de la primavera árabe o del 15 de mayo 2011 en España, seguido por los de Occupy desde entonces, todos fueron y todavía son manejados por jóvenes como yo y, quizás, ustedes con ganas de perseguir a políticas más justas para todos. Así pasmaron el mundo con su eficaz difusión, y hubiera podido ser lógico pensar razonablemente que por lo menos hubieran investigado la independencia de ellas mismas redes sociales que utilizaban.

¡Qué inocencia! Desde las (heroicas) filtraciones de Snowden (al mismo tiempo, podemos decir que la historia se repite), ahora sabemos que ningún canal solía ser seguro, o independiente de los poderosos contra los cuales se opusieron los indignados de tantos países. Tanto los agencias de espionaje de los EEUU como las del Commonwealth y de otros países supuestamente democráticos les vigilaron, y en efecto, los Anonymous recientemente denunciaron al Centre de Seguretat de la Informació de Catalunya (CESICAT) por haber espiado activistas en Twitter. A continuación, una organización estatal inglés trató interrumpir las comunicaciones entre los mismos, usando virus y técnicas por lo menos sucias para llegar a su objetivo, mientras otro ramo de ella había pirateado juegos muy populares de smartphones para que sorban datos de localización, en medido de otras.

También me parece de mal gusto la hipócrita reacción cuya dieran prueba las empresas que controlan las redes sociales cuando se revelaron los hechos, porque tampoco son limpias, y es primordial que se recuerde que casi todas suelen amontonar enormes cantidades de información con pelos y señales sobre nosotros, con fines que no divulguen. A propósito, Google, su Gmail, y su Chrome habían sido unos de los peores desde hace años, leyendo correos que recibimos y, se cree, enviar "spam" a los demás, participantes involuntarios en la inmensa cosecha. Con el desarrollo del reconocimiento facial, entre otras cosas con las Google Glass, ¿quién sé si quizás algún día deberemos llevar unas de estas máscaras para evitarla? Mientras tanto, India rechazó la ayuda de Google por sus elecciones.

Del mismo modo, muchas directamente facilitaron la tarea de vigilancia instalando "backdoors", como en Skype, Blackberry o los generadores de llaves sobre los cuales nos fiamos para nuestras transacciones en línea. Claro que estas denuncias no van a apaciguar los ánimos, ¿pero que se puede hacer?

Así pues, el riesgo está aumentado del hecho que todavía no parecen existir alternativas que alcancen tantas personas que las de las grandes corporaciones americanas.

Así que me parece increíble que activistas suelan depender de redes y medios de comunicación que sabemos vigilados por todas partes, tan por gobiernos que por las compañías que aseguraban ayudarlos a difundir sus recriminaciones.

Por lo menos creo que es posible y necesario repetir y que promocionemos a porfía la existencia de servicios rivales, por ejemplo hubiC en lugar de DropBox, aunque se sabe que tampoco los servicios secretos europeos sean sin reprochas. Me parece imprescindible que no dejamos de luchar por nuestra libertad democrática en la Red.

Un proverbio francés se traduce así: cuando la ley es injusta, la desobediencia es un deber. Hoy en día somos menos libres que nunca, bajo constante vigilancia e mientras se ríen los poderosos que ingenuamente pensábamos derribar. Nunca se debe olvidar que si cualquier cosa es gratis, eres tú el producto.

Unas lecturas instructivas

No estropea al Internet: como el eslogan idiota robó su privacidad (The Register)

Toda la serie sobre las filtraciones de la NSA (Ars Technica)

Porque las publicidades Googles te bombardean a tí, y como pararlo (Dvice)

¿A quién pertenece el futuro?, un libro por Jaron Lanier.

A saber si los antivirus detecten malwares gubernamentales (The Register): Si, pero solo si la máquina no se había comprometida previamente, lo que parece imposible. Ahora sabemos que la NSA tiene la capacidad de interceptar las entregas de ordenadores (The Verge) para que se instalan chivatos y malwares infectando cualquier kilo-octeto de memoria disponible (incluso el BIOS) (Ars Technica).

Las compañías americanas se cachondean de su privacidad (The Register)

Porque tener un correo electrónico suizo no podría ser más seguro que en los EEUU (Ars Technica). Consideran que la ley suiza impide a los proveedores revelar la existencia de escuchas electrónicas. No obstante, en realidad, la no-revelación, que sólo debía ser una excepción, está a punto de volver sistemática.

Porque la gente todavía no suele codificar sur correos (Ars Technica)

En frente de estas amenazas muy concretas, solo queda la posibilidad de asegurar sus datos usando contenedores TrueCrypt, siempre en máquinas no comprometidas. Una análisis un poco antigua, pero alentadora de esta aplicación ha sido hecha, y la única vulnerabilidad descubierta era en los keyfiles.

En cambio de Edward Snowden, este ex-empleado de la NSA trató dar la alarma sobre los procedimientos que veía, usando cadenas oficiales.

Ubuntu Privacy Remix

Leyes sobre las escuchas electrónicas en Suiza (Privacy International)

Como la NSA rindió la nación menos segura (Al Jazeera US)

Miles de pasajeros espiados (Le Devoir)

Y terminando con un poco de humor negro: Un cuenta parodia de la NSA en Twitter